viernes, 10 de agosto de 2012

223/366

Tumbados en aquella fría cama, me limito a contemplar tu cuerpo, tu maravilloso cuerpo. Mis ojos lo recorren milímetro a milímetro. Me acerco a ti con cautela, procurando no despertarte. Apoyo la cabeza sobre tu pecho y escucho los latidos de tu corazón. Intento apartarme otra vez para dejarte dormir tranquilo, pero es demasiado tarde. Me doy cuenta de que tu mano empieza a acariciar mi pelo, y vuelvo a apoyar la cabeza sobre ti. Bendito sonido el de los latidos de tu corazón, el cual yo podía controlar con tan sólo las yemas de los dedos. Acariciaba tu cuerpo y tus latidos se aceleraban. Suspiro lentamente, maravillada por el calor y la suavidad de tu piel, y cada suspiro lleva tu nombre.. Me abrazo aún más a ti, buscando ese calor. A la vez que te acariciaba, trazaba con mis dedos las constelaciones que formaban los lunares de tu cuerpo. Los unía uno a uno con líneas imaginarias, sin dejar de observarte a ti, a tu sonrisa, aquella sonrisa que decoraba las tardes e iluminaba las noches.. Ambos nos sentíamos infinitos en aquellas noches interminables.

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