domingo, 14 de abril de 2013
104/365
Una fría y húmeda brisa acaricia nuestros rostros. Se cierra una tarde más, una de esas muchas tardes en las que el mero hecho de nuestra existencia nos fascina. Después de tanto tiempo, estamos volviendo a aprender a vivir. El sonido de las olas, música para nuestras almas, nos reconforta pero por momentos nos hace sentir soledad; nos basta con mirarnos a los ojos para volver a ahuyentarla. Hemos aprendido a entender nuestras diferencias y a amarnos por ellas. Es que si la luna y el sol que son tan distintos, pueden estar juntos e incluso llegar a fusionarse en cada eclipse, ¿por qué no esperar que lo imposible deje de lado el "im"?
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