Aquella guerrera de ojos fríos lo había perdido todo en la última batalla. Luchó durante toda su vida en miles y nunca le importó perder o morir en ellas. Sin embargo, esta última le marcó. En juego no estaba solo su vida, ni la guerra. En juego estaba su esencia, su alma, todo lo que ella era.
Le habían advertido que si perdía, ella misma se iba a perder. "Si quieres sobrevivir sal corriendo, o por lo contrario te perderás, y quién sabe si volverás a encontrarte algún día", le dijeron.
La guerrera está viva, de pie y muerta por dentro.
A veces recrea en su mente esas batallas, inventa otros finales en los que ella es la vencedora, donde encuentra la paz que tanto ansía.
Ella anda por el mundo pero no vive en él, nadie ha visto su alma desde hace bastante, y nadie la ha buscado con ganas de encontrarla.
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